27/2/08

No quiero hablar

Mi lengua lamió los labios,
mi boca mordió la lengua;
el habla quedó sangrada.

Las aves yacen en el suelo,
Deshuesadas, irredento.

Cáscaras de plumas
Que un perro acuna
y mece entre sus dientes.

17/2/08

Poesía y destrucción (un tributo y no a Paul Dirac)

4,1,14,9,5,12,1

Cantara el viento, decir, pensar
(Siempre llegan animales de todo tipo a esta casa. Esta vez le tocó a un pequeño pájaro. Las casas, con sus techos, paredes y falsas salidas, no son buenos lugares para ellos.
se perdió en las faltas de este encierro
Se encuentran ahí ante choques evidentes que ponen en peligro su salud, así que no es nada bueno. Además entran en tal grado de desesperación, por lo demás totalmente compresible, que no es extraño que sucedan accidentes.
y aplaudió con las alas el techo
Habituados a volar mucho más allá de los dos metros y medio de altura, y en tal estado de alteración, lo primero que hacen es chocar contra el techo de las casas.

Un insecto o plumas sin viento
Así que van como mariposas obcecadas por las luces artificiales, aunque aprenden rápido y pronto comienzan a volar al nivel adecuado.
En las paredes las uñas enterradas
Las paredes de mi casa tienen cierta textura, así que el pájaro, de vez en vez se paraba en una de estas ya fatigado. Por lo pronto me era imposible atraparlo y decirle donde estaba la salida no servía de nada, así que su desesperación comenzaba a desesperarme.
en la mente las plumas negadas
Un pájara así, es como la cosa más fuera de lugar que he visto en el interior de una casa. Como un jugador de balón-pie con su respectivo uniforme en una cancha de hokey sobre hielo. Sólo podía pensar lo inservible que son las alas para lugares así.

De aquí para allá sin terminar
Y el pobre seguía yendo de aquí para allá sin encontrar la salida, cargando con toda la inutilidad de su biología.
como querer la voz que dejo dentro
Así que comencé a seguirlo con un cierto estado de impotencia, uno no se puede entender con esas cosas y la única forma de ayudarlas es violentándolas.
Pero en el velo quedó atrapado
Por suerte para los dos, mientras volaba hacía una ventana se quedó enredado en la cortina y por fin tuve oportunidad de atraparlo, había que agarrarlo con mucho cuidado par no lastimarlo.

Entonces fue más roto
Justo en ese momento, cuando pude tenerlo entre las manos, comenzó a emitir un sonido despavorido, verdaderamente desgarrador y evidentemente no había forma de tranquilizarlo.
No era yo en mis manos aterradas
Hacerlo callar sólo habría sido posible terminando con su vida, tal vez por un momento pasó eso por mi mente y mis manos temblaron. Era una sensación horrible en verdad.
en mis manos destrozadas
Era como cargar con algo verdaderamente frágil, una bomba que podría activarse en cualquier momento. Sólo me quedó hacer algo de empatía, evidentemente no lo mataría. Y lo cierto es que si yo estuviera en su situación seguro proferiría sonidos similares.

Era él la vida terror a terminar
Era, finalmente, comprensible semejante terror, una total impotencia. Yo podría haberlo lastimado en cualquier momento y no quería hacerlo. Era difícil sujetarlo con delicadeza y fuerza a la vez, de forma que no fuera a escapar antes de que estuviera en una zona segura.
Cantó cristales rotos en los tímpanos
Y seguía emitiendo esos sonidos que comenzaban a producirme una terrible tristeza. Sólo podía ver lo patético de mis manos al contenerlo. Lo desmedido de cualquier tipo de sentimiento que tuviera por él, porque jamás formarían parte de él, de su percepción.
el temor-la-muerte en mis manos
Sólo me quedaba tener esa terrible sensación de cargar en las manos con el temor de todo lo vivo ante un posible fin.

Lo doy a su libertad sin este encierro
Pero por fin pude llevarlo fuera de la casa, dejarlo ir. Inmediatamente salió volando y desapareció en la lejanía. Seguro no volverá a atreverse a ir más allá en el interior de una ventana.
de cemento y de resinas carcajadas
Nunca, espero, querrá volver a pasar por ese terror de quedar atrapado en un lugar tan lejos de su realidad, tan antitético a su naturaleza.
Todo se va rompiendo...
Y yo, voy sintiendo como se va, como nunca dirá nada, como no voltea, como nunca podré decir de forma literal [si ello existe de alguna manera] eso que se queda cuando lo dejo irse...)

Todo ha quedado roto en mi

Se va, como por el agua a veces el río
Como por los pies el suelo
Como por las nubes a veces la lluvia

Se va, como por el dolor a veces el llanto
Como por el amor un beso
Como por este llanto mis lágrimas

Se va, como por mi voz lo que he dicho
Como por mis pensamientos van los tuyos
Como por la felicidad a veces la risa

Le doy los pies al suelo
A mi boca una boca que aún no conozco
A mi pensamiento las palabras

Mi voz siempre rota-titubeante en el precipicio

Le doy, sus alas al viento...

(Cynthia escribió ese día en la lejanía: “ya ha pasado mucho tiempo vrd...”. El pájaro me la recuerda. Al dejarlo ir, deletreo, siete letras que no repiten su nombre... si tan sólo.)
Pero después de dejar ir las cosas queda algo, entonces, hay que empezar a dejar ese “dejar ir”, ese malestar que el “dejar ir” deja y empezar otra vez y de nuevo, otra vez...

5/2/08

No sé de qué trata este largo post

(teorías-vida-estadodeánimo)
Yo, un día, hace unos días, estaba triste o algo parecido, en realidad no lo sé y tampoco sé por qué, así que invento algunas teorías. Siempre invento teorías, algunas muy estúpidas, extrañas... creo que como sea (aquí viene otra teoría) no tenemos certeza de nada y sólo nos quedan las teorías de las cosas (“cosas” quiere decir lo que sea... por otra parte, algún tipo listo vendrá a decir que, luego, tenemos la certeza de no tener certeza de nada... el lenguaje, la mierda y todo se va a la mierda), mejor si no están tan equivocadas. Pero lo cierto es que ni siquiera podemos vivir verdaderamente la vida, demasiada compleja (no quiero decir complicada, es otra cosa), ni la conciencia ni, siquiera, la “inconciencia” dan para tanto. Y es que es desde ahí o allí, desde esos lugares que se la vive, desde esos lugares comunes a mi, a los otros (a los que reconozco con una mirada, que me reconocen con otra mirada, como el testimonio de una distancia insalvable, permanente), pero como digo, no dan para tanto; todo el tiempo partes de la vida, de nuestra propia vida, se nos están escapando, por más concentración budizenchaulintaoislamangadelmuerto que hagamos. Una voz misteriosa, la de tu conocidísimo sensei Kuachi-Machi-Kachi, te dice: “vive el presente”, y uno: “qué.. ¡ah (obtemperando [asientiendo pues, para los no-nerds o ratón-de-biblioteca-gusano-de-libro como yo])!.. ¡puta! ya se me escapó, ¡puta! ya se me volvió a escapar por pensar “!puta! ya se me escapó”, ¡puta madre! Ya se me volvió a escapar por pensar “¡puta! ya se me volvió a escapar por pensar “!puta! ya se me escapó””, ¡reputisimamadre! Ya se me volvió a escapar por pensar “¡puta madre! Ya se me volvió a escapar por pensar “¡puta! ya se me volvió a escapar por pensar “!puta! ya se me escapó”””... (rubato, ad infinitum, tempo libero... no sería lindo que uno pudiera poner indicaciones así como en la música escrita: ironicus vivace o sarcasmicus dolorosa o etc.). Pero bueno, el punto es que no sé. La primer teoría al respecto de mi estado de ánimo fue muy falsa, la segunda estuvo mejor, un poco más congruente, aunque igual eso no quiere decir nada, sólo parece más adecuada, de acuerdo con el estado de ánimo por el que pasaba. Pero quizás un día lo hable, lo haga hablar o lo haga existir con palabras para alguien, en un momento adecuado, si acaso los hay.. sí... un día, talvez, y yo diga “...recuerdas ese día que estaba triste, tú?... pues todo empezó así, esa vez, luego pasaron las otras cosas... y eso y ya y...”. También tengo siempre la opción de decir:
“- En realidad casi no te lo puedo contar. Imagínate que al llegar a Marte un tipo te pidiera que le describas las cenizas.” (Cortázar)
(Diálogos simulados)
Y justo ahora cambio más o menos (últimamente soy puro “más o menos”, me doy asco) de tema. Creo que eso sería una evasiva poética, las cenizas tienen siempre ese tono. Pero un marciano podría pedir que le describas las nalgas, y de un marciano uno puede pensar que no tiene un análogo de nalgas en su cuerpo que nos sacara rápido del problema. Señalarle las nuestras quizá tampoco baste. El problema está en que si uno dijera algo así, “imagínate que al llegar a Marte... etc.”, no queda claro qué es lo que uno quiere decir. ¿Es porque, incluso si un marciano hablara español y tuviera más o menos estructuras similares de pensamiento, no se lo podrías contar, es decir es simplemente difícil, más, imposible de explicar, o es porque tal vez no podría haber una traducción?... A los filósofos anglosajones les gusta pensar en esas cosas, recuerdo haber leído algo así en Putnam refiriéndose a otras teorías de otros tipos de otros lugares en otro tiempo. Por ejemplo, si las estructuras de pensamiento entre dos “hablantes” fueran muy distintas, una traducción seria muy complicada y no podría haber un verdadero diálogo, como si uno dijera gato señalando ese animal, mostrando ostensivamente lo que significa gato pero en la mente del otro sujeto no se entendiera igual, como en vez de “gato como un todo” el otro entendiera “partes separadas de gato”. Aunque pareciera que se están comunicando, estrictamente no lo hacen, es más un simulacro de diálogo; uno dice gato y el otro dice gato, pero no entienden lo mismo, aún cuando los dos señalan la misma cosa. A veces me pasa así con algunas personas, parece que hablamos y nos comunicamos, pero lo hacemos muy a medias.. Bueno, sí, sobre todo con las mujeres, pero de esto no deduzco, en lo que a mi experiencia se refiere, que mis estructuras-mentales sean esencialmente diferente a las de las mujeres. Talvez así sea, pero bueno, el punto es que no hablo mucho con hombres, o con la mayoría tengo sólo conversaciones superficial, incluso si hablamos de los temas más elevados de este mundo de chiste; luego no tengo suficiente material para hacer un diagnostico diferencial (yo y mi pinche ansia de escupir metáforas baratas). Así el hecho de que discrepe, o tenga esa sensación más con las mujeres, es, probablemente, sólo porque es el caso que hablo más con ellas. Y, por otra parte, esto es, más o menos (de nuevo dubitativo), una contradicción. Sí digo que hablo más con ellas, que es con ellas que tengo conversaciones menos superficiales y luego digo que es con ellas que tengo más esa sensación de hacer sólo simulacros de diálogos, de representar sólo, sin que tenga verdaderamente lugar cualquier posibilidad de dialogismo; qué chingados, entonces, estoy queriendo decir? Por el momento no sé. Así que cambio de tema.
(hombres y mujeres)
Creo que los hombres son feos... aquí debería usar esa estrategia sartriana de solidaridad con el otro, con el acusado, como “creo que los hombres somos feos”, pero no estoy seguro de ser un hombre, luego, tampoco estoy diciendo que sea gay, si no creo en Dios tampoco creo en el Diablo, o si le quitas la noche al día pues quien sabe que sea, por eso no creo en los monopolos magnéticos, por eso pienso que Paul Dirac estaba loco, que los físicos están locos, claro, aunque tengan toda la puta razón del mundo... eppur si muove (sin embargo se mueve) y todas esas cosas con las que vendrían a callarme la boca. Regresando, decía que los hombres me parecen feos, desde mi concepción estética demarcada en lo agradable y lo que puedo considerar bello (en un sentido limitado del término), así, simplemente me desagradan, los encuentro sin gracia, creo que en este sentido si debía decir “nos encuentro sin gracia”, incluso mentalmente, demasía básicos, así sean muy inteligentes, sin gracia, minimales, animales des-graciados y algunos desgraciados (aunque eso lo comparten con algunas mujeres).
Creo que esto es una perversión, pero qué sería uno sin esas cosas. Del otro lado queda entonces mi admiración por las mujeres, el placer de sólo verlas, todos sus gestos, tan ávidos, que sé yo, todas ellas tan complicadas. Y aquí ya no sé cual sea la perversión y qué sea consecuencia de qué: de mi desagrado por los hombres nace mi admiración por las mujeres, o de mi admiración por las mujeres nace mi desagrado por los hombres. Hay que jugar a la patafísica, el huevo o la gallina, mi respuesta es que ninguno de los dos, pero si hay que dar una respuesta diría que la gallina, el problema no es irresoluble pero no estoy de humor para resolverlo hoy. Así que esto se está acabando.
(Detritos)
*Queda, una confesión: creo que me enamoraría de cualquier mujer que llorara frente a una “obra de arte” por el puro hecho de encontrar algo ahí ante lo que no había otra cosa que hacer. Sería tan patético y tan bello, que yo, a mi vez no podría hacer otra cosa.

*Queda, una aclaración: no tengo la menor idea de por qué terminé hablando de esto, pero aseguro que no lo hago porque la mujer esté de moda, porque quiera ganar adeptas, como esa táctica nefanda de Dawn Brown o como vergas se llame el estúpido que escribió el Código Da Vici. Digo: “Ahí donde se la ‘libera’, donde se la ‘deja hablar’, no se hace sino hablarla, esclavizarla, se la usa.”

*Queda, labor comunitaria con mis comentarios hiper-optimistas sobre critica-literaria-entrespatines de las últimas novelas que he leído:

“El primer hombre” (Camus): Malo, ni siquiera terminé de leerlo y nunca había hecho algo así. Se la pasamos porque lo sacaron de los borradores que llevaba consigo el día que falleció.

“La insoportable levedad del ser” (Kundera): Buena onda, si le quitas las primeras páginas donde habla de Nietzsche y de mamadas filosóficas que ni son tan relevantes y que ni venían al caso, si no fuera de una forma accesoria.

“Ensayo sobre la ceguera” (Saramago): Está bien, mientras no te llegue esa sensación de que es sólo un buen tratamiento, más o menos original, de la típica historia de zombis por contagio o de una pandemia (tipo “La peste”) como motivo para tener reflexiones profundas sobre la condición humana.

“El evangelio según Jesucristo” (Saramago): Divertido, como que la tentación que hace el Diablo a Jesús es zoofílica, ofreciéndole que apacigüe sus deseos carnales cogiendose un cordero. Y está linda la historia de Jesús y María Magdalena, también cuando Magdalena se coge a Jesús. Triste, que Saramago no va más allá de hacer del mito de Jesús una tragedia griega.

“Rayuela” (Cortázar): Recomendable. Pero tampoco está tan acá como se la dan los Argentinos. Estructuralmente es como un libro con las notas al final en vez de al pie de página. Si se está de humor para ver otra cosa, pues bueno, siempre se trata de eso, como ver elefantitos en las nubes.

PD: Igual todos son buenos libros, sólo que mi mamá no me enseñó a adular. Y mamá aparece siempre que me pongo de mal humor, y talvez estoy de mal humor. Si fuera un critico, seguro todos los artistas me odiarían y utilizaría recursos como que “es mi envidia”, “mi frustración porque yo no tuve imaginación para escribir un libro”, “etcéteras”; así es-somos la gente

*Queda, la frase del mes (una proposición útil para las discusiones): “Rien n’est nécessaire dont l’opposé est possible.” (nada que su opuesto sea posible es necesario) Leibniz

*Queda, lo último que pudo registrar mi cuerpo en la pantalla, sobre mi tesis, antes del pasado bloqueo de mi cerebro:

“Nudo gordiano, impasse, quiasmatismo irreducible, a-irredentible reducto, más, un reducto sin puertas ni ventanas, un trompe la lógica, trompe la consistencia. Lo mismo, más problemas del lenguaje, de uso, de polisemantismo, de “incocistesismo”, de desdefinicionismo, de a-conceptualismo, de la historia (por si no fuera poco) de este mismo nombre, “de las historias de la historia”. Invocar más paradojas. Y el problema ni siquiera termina allí o ahí, ni siquiera es tan simple; no es esta simple abstrusidad.”

¿Qué? ¿Me lo puede repetir?

Creo que igual que los modernos no podían ser no-modernos en la modernidad, nosotros no podemos no ser posmodernos en la posmodernidad.

Na... que va... Mañana podría ser un cavernícola, si quisiera.. pero como no quiero.

Bueno: Disfruten... o sufran o guatever: vous n'etês pas obligé.

30/1/08

Mientras miraba él cerrarse los ojo de ella

Estaba la puerta del cuarto cerrada mientras él miraba. Había un frasco abierto, tirado sobre la superficie lustrosa del mueble cuyo nombre aún desconocía. No lo había pronunciado aún del todo. Sólo mamá, con los labios muy pegados. ¡Mamá, mamá! uno contra el otro y en medio ese sonido que encarnaba aquella presencia, que llamaba a ella con esa palabra tan adecuada. Como cuando le daba de su pecho y entre los labios de él estaba ella; sin aún ser llamada.
Miraba él, entonces, el frasco, como una cosa extraña para jugar, que derramaba fragmentos de colores, cuyo concepto específico de fragmento no le interesaba. Sólo pensaba jugar con ellos, quizá morderlos un poco. No pensaría que no todo lo que brilla es oro, y que aquello que parecía tan bueno a la vista sería tan malo a la lengua. Únicamente después de morder uno de estos había quedado totalmente convencido de que aquello no era para comerse. “Guaaag”, profería su pequeña boca y de ella escurrían pedacitos de gelatina coloreada e insípida y una sustancia blanca extremadamente amarga como las semillas de limón que alguna vez había mordido en otro experimento parecido. Escupía, la saliva se derramaba desde su boca atravesando la barbilla, veloz pero no tanto, y se impactaba en su playera, donde el acto quedaba registrado. Como lluvia en la banqueta o un recuerdo que caduca pronto.


Era extraño que ella no viniera a increparle por sus actos, alguna mirada severa que esperaba a sus espaldas, su voz en un tono muy distinto de cuando ella lo tomaba en sus brazos y lo retenía un momento oprimiéndolo contra su pecho. En ese momento sólo a él quería, únicamente era él, y no tenía que hacer nada, sólo él, sólo ser. Y para ello no se había esforzado aún demasiado. Más ella, con su sufrimiento de madre y los dolores de parto y los eternos días de gestación, mareos, vómito, engordar, las estrías del vientre y todo aquello, el llanto, toda esa esperanza que se atora en la garganta y no deja hablar. Aún así no venía ella a hacer reclamo alguno, a decirle “No” y que no lo volviera a hacer.
Permanecía en la cama ¿Dormida? ¿durmiéndose? Pero el hecho era que mami no venía al rescate. Después de ese escándalo, después de esos sonoros guácala irreproducibles, de esas ruidosas y viscosas escupidas, mami, no venía y no vendría probablemente.

Él no debía de estar ahí, ella lo había dejado afuera, solo, como pocas veces, tan pocas que no recordaba ninguna. Lo cual incrementaba su extrañamiento. Ella no sabía que él ya podía perfectamente abrir las puertas, que había aprendido ya ese truco de girar el picaporte con cierta presión sobre la puerta de forma no se hiciera ruido. Y se había metido sigilosamente, porque no podía estar sin ella. Su extrañamiento no era menos ante esta situación. “Mami ya no funciona”, como la había escuchado decir del televisor, “no responde”. Mami duerme, como cuando “duérmase mi niño, etc., etc.”, pero nadie le había cantado esa canción a ella.

Entre-miraba ella salir el viento, salir o entrar por la ventana. Salir, entrar, que más daba, ella nunca atinaba a saberlo y nunca lo sabía. La blanca cortina se extendía como una ligera mano de espuma, y en sus ojos se tendía un cansancio plúmbeo que le oprimía el estómago. Subía todo desde allí, como una calma acidez que le llovía los ojos derramándose sobre su rostro. Y qué más daba la ventana abierta que había olvidado cerrar ¿llovería? ¿Se metería el agua? Y qué más daba y qué importaba ello. Todo había quedado en silencio desde hace un rato, desde que aquello había comenzado a hacer efecto. Sus manos, sus brazos ya no estaban, habían desaparecido. Sólo estaban ahí tendidos como cadáveres, como el cuerpo inmóvil de un paralítico. Ya no diría su boca palabra alguno: cállate, estúpido, vaya por ahí, gracias, muchas gracias, encantado de conocerlo. Y qué importaba ello, extrañaría no poder decir más “No” a él y “ven papi, duérmete aquí con migo bebe”, como cuando las noches eran tormentas y él no podía más estar sin ella, como cuando él antes era ella.
Sintió entonces un ligero movimiento en la cama que se sacudía, como un pequeño mareo. Ella no podía voltear a ver. ¿Qué sería aquello que se movía hacia ella? o ¿Comenzaba a delirar? Su cuerpo se ponía tenso en un enorme esfuerzo por mirar y ya no conseguía moverse, ni siquiera sostenerla vista.
Apareció luego él frente a su cara con una enorme sonrisa: “¡Mami duerme!... ajaja”, mal pronunciado con sus voz de niño. Sintió ella un enorme dolor en el pecho como si quisieran arrancarle alguna parte de su cuerpo que ya no estaba. No pudo moverse, sólo su mirada, parpadeaba y comenzaron a escurrir ríos de lágrimas que viajaban sus mejillas y se despeñaban en los límites de su rostro. Él, no pensaría aún en la partida de la madre o en la partida de la madre o en la partida de la madre, ni en la madre partida o la madre partida, únicamente sonreía, con su sonrisa chimuela, con su sonrisa tan bien construida desde muy chico.




–¡Mami, mami, tengo hambre! (Las últimas palabras que los oídos de la madre alcanzan a registrar, medio borrosas, medio ahogadas)



Miraba él cerrarse los ojos de ella, sobre los que se acostaba la cansada muerte diciendo adiós con las mojadas pestañas. Una última lágrima cayó, no produjo sonido alguno, como a veces la vida cuando parte.

20/1/08

Terrorismo religioso-astrológico-metafísico-ciberespacial

En los millones de información que inciden en una cuenta de correo electrónico se encuentra aquella constituida por las cadenas. Cuyo género se halla dividido en diversísimas especies: las de apoyo comunitario, las del fraude descarado, las de chistes malos o buenos, las de los buenos sentimientos, las que servirán para salvar el mundo, las que generarán alguna insipiente conciencia social, las vulgares, las violentas, las falsas, las no escuchadas, las que están de más, las de alguna imagen o suceso espectacular; las que, en fin, simplemente viajan como detritos en las tuberías ciberespaciales desprovistas de todo olor como amenaza posible, señal de peligro, fétida premonición para desvelar el riesgo que se corre en abrirlas (alguna de las desventajas de nuestra cultura audiovisual, de la mirada escamoteada por los ojos pegados alas pantallas, de los oídos conectados a los altoparlantes).
De estas, están también las terrorista. Las que, ocultas tras una manto de “nada te cuesta”, “nada pierdes”, “no pasa nada”, se pavonean en nuestra bandeja de correo y circulan como la mierda en las cañerías, ahora des-cualificadas de algunas dimensiones estésicas. Están las de los lindos pensamientos filosóficos-orientales en las que te incitan a construir tu propio camino, a tomar las riendas de tu propia vida y, con nuevos bríos budístico-vegetarionos, dirigirte a mejores tierras plenas de abundancia y felicidad; acto seguido eres amenazado con años de mala suerte si no haces circular las amenazas, ese pequeño toque terrorista, sintomático a todo lo sobre natural. ¡Haced circular el terror de lo indesidible, dueños en potencia de su vida, únicos culpables de sus actos! Pequeña contradicción, supongo. Eres tú el dueño, lucha, y más y más “buenas-enseñanzas” de gurú de revista de caja de supermercado; para luego: "¡que siete años de mala suerte caigan sobre tu cabeza!" y más, y más, si no te sometes a hacer circular estos buenos sentimientos y buenísimos pensamientos. ¿Es que somos tan idiotas?..
En domingo la gente hace fila para devorar el cuerpo de cristo, luego de defecar en los excusados acústicos de los sacerdotes... que la palabra te salve, la confesión cura, habla, vomita, escupe, los oídos son alcantarillas, de sacerdote o de psicólogo...Y ya, no quiero ponerme violento. Pero son estas cosas, pequeñas, irrisorias, esas de “no pasa nada”, “nada te cuesta”... sólo las amenazas con años de mala suerte, o, peor, te morirás, te quedaras sin trabajo, algo le pasará a tu familia.. pero sigue, ve, que esta virgencita es buenísima, toda bondad, caridad... pero si no la haces circular, te saldrán hemorroides... Son esas pequeñas cosas, las que, en un sentido ético, no se distinguen de poner una bomba en un supermercado; tienen esa misma forma, se siguen valiendo del terror, del miedo.
Si es que somos tan burdos, tan elementales, de menos concibamos mitos útiles: 100 años de mala suerte para el que viole un niño, 100 para el que abuse de una mujer, para el que abuse de un hombre, 5 si le das una mordida al poli, 10 por quedarte callado frente a alguna injusticia, 100 más si por tu mente pasó el pensamiento de “no es a mi: yo no soy mujer, yo no soy niño, yo no soy campesino, yo no soy indígena, etc.”.
Se escucha todo esto tan simple y tan infantil. Ojalá las cosas fueran tan simples. De acá no se teme a veces ni el infierno, ni perder el paraíso; sólo de vez en vez hay un “más vale”, “no vaya a ser”. Del otro lado del mundo la gente se hace explotar, se dispara, se persigue, se amenaza, hace nacer el terror, lo siembra, lo cosecha... nosotros lo recibimos en recaditos electrónicos (“sí, mejor lo reenvío, no vaya a ser”), crece subrepticiamente en nuestra mente, nos satura livianamente (como esa pequeña sensación, trago saliva, cuando de pronto decimos “a la verga con Dios”, temiendo que un rayo nos caiga en la cabeza, venido directo desde el cielo, puro y tremendamente cálido, hasta el punto de la fundición corporal).

En fin... a la mierda con el terrorismo, vístase como se vista.